lunes, 26 de noviembre de 2012

ENTREVISTA A RAÚL CERDEIRAS: "LA NUEVA POLÍTICA NO TIENE MÁS REMEDIO QUE NACER MINORITARIA". Dic 2008-


Hace unas semanas tuvimos la oportunidad de recibir la visita de uno de los pensadores más destacados de la filosofía y la política en Argentina. Junto con docentes y estudiantes del CURZA coordinamos la visita de Raúl Cerdeiras, filósofo argentino y editor de la revista política Acontecimiento, que ha dedicado su vida de militancia y pensamiento a la construcción de una nueva, diferente y subversiva visión de la política. Cerdeiras es además el introductor en nuestro país del pensamiento del filósofo francés Alain Badiou a través de la traducción de su obra al castellano.

No es fácil entrevistar a un pensador que ha sido interrogado sobre casi todo hecho político. Es difícil ser novedoso e innovador. Igualmente aceptamos el reto de encontramos con él y conversar un rato sobre la política de emancipación hoy, las luchas políticas en nuestro pías, el zapatismo y el bolivarianismo, las nuevas tecnologías y la resistencia en la universidad. Así de variada es la charla con Cerdeiras.  

Al Sur del Viento- ¿Cómo definirías a la idea de política que desarrollas?

Raúl Cerdeiras- La idea principal es presentar a la política como el lugar de reflexión, de acción y de transformación de la vida colectiva de la gente. Ese podría ser el primer escalón de la escalera. Si la política es un sitio desde donde la gente piensa su vida colectiva, su comunidad, relaciones y vínculos, la política necesita el requisito de su autonomía.

Podemos decir que la política se divide en dos grandes ramas: las políticas que intentan transformar la situación y las políticas que intentan administrar la situación. En líneas generales, las políticas que intentan administrar la situación son alimentadas por las políticas que en su momento intentaron transformar la situación. Cuando estos ciclos se van agotando la política empieza a tomar un cariz reaccionario.

En ese horizonte nosotros pensamos que la política que puso en movimiento un proceso de cambio fundamental, que fue el marxismo, concluye su ciclo, porque ya no puede operar objetivamente ninguna idea política subversiva que cambie las relaciones entre los hombres. Este es el momento de empezar a ver a la política desde otro lugar. Construir otros trayectos, elaborar otros pensamientos, ver la experiencia del pasado.

ASV- Hemos visto que tenés al zapatismo como referencia política a escala continental. A nivel nacional ¿dónde ves que se aplique y se ponga en práctica esta idea de política que abrazás?

RC- Más que lugares donde se pongan en práctica, lo que puedo detectar es un montón de hechos que no se reciclan en la experiencia política ordinaria. Entre ellos el movimiento piquetero, en su momento de inicio. También el movimiento asambleario en Capital Federal. Las Madres de Plaza de Mayo en su momento, cuando no transaban con la dictadura. Lo que hay son pinceladas, algunas agudas, otras menos agudas. Estos son movimientos que merecen ser pensados y actuados desde una perspectiva.

Es decir, lo que veo son situaciones que no se enmarcan en la vieja política, pero de ahí ha decir que son gérmenes de una nueva política no me arriesgo. Uno los ve como experimentos que buscan por otro camino.

ASV - Vos hablabas que en muchos momentos te tocaba "ir contra la corriente". Lo que vemos es que las nuevas políticas no se plantean un objetivo cuantitativo, eso muy propio de la Modernidad que hablaba del apoyo de las masas o las mayorías. ¿Tú visión de la política tiene como requisito la construcción con las mayorías?

RC- Creo que la nueva política no tiene más remedio que nacer minoritaria. No tiene otra alternativa. Nosotros practicamos una idea de Guilles Deleuze, un filósofo francés, que dice que si una política implica romper una hegemonía esta debe ser minoritaria. Si hay una mayoría constituida, con hábitos y costumbres de funcionamiento de algo y si ahí se inserta algo con capacidad para desectructurarlo, eso comienza siendo necesariamente minoritario. No podría nacer de otra manera.

Así uno aparece como aislado, pero esta no es una decisión voluntaria, sino del funcionamiento de una estructura. No queda otra alternativa que soportar esa minoría. Lo que no quiere decir, que si sus efectos son reales van a romper con esa hegemonía y ya no va hacer minoritaria. Por ejemplo, la idea de comunismo -aplicada o no- hoy no es minoritaria y circula, pero alguna vez lo fue.

ASV - En América Latina vemos cambios coyunturales reales con la llegada de gobiernos que se autodefinen como nacionales y antineoliberales. ¿Crees que hay una nueva forma de gobernar en América Latina? ¿Se puede gobernar igual que hace diez años?

RC- Veo un cambio en la gobernabilidad en América Latina que no reproduce el discurso neoliberal. Uno ve un cambio. Hay una diferencia entre Evo, Lula, Chavez y Kirchner, en relación a los gobiernos anteriores. Pero lo importante aquí es ver si estos cambios representan una novedad desde la perspectiva de la nueva política o son un mero cambio de gobernabilidad. Hay que ver si son un proceso que abre nuevas brechas a las luchas sociales o son un reacomodamiento al que uno le puede atribuir que es la nueva gobernabilidad para que no cambie nada. Esto divide las aguas en América Latina. Hay dos corrientes: la que cree que estos gobiernos abren nuevas posibilidades y otra -minoritaria- que mantiene distancia de estos. Incluso dentro de estos hay división. Por ejemplo la izquierda clásica ve a estos gobiernos como gobiernos de la burguesía que no van a llevar al pueblo a la revolución. Oponernos por estos argumentos nos perece pobre.

Nos oponemos a esos gobiernos porque son la reacción a lo que pudo tener fuerza para construir nuevas situaciones y que fueron movimientos como el del 19 y 20 de diciembre, los Sin Tierra del Brasil, la lucha de Bolivia etc.

Estos gobiernos son los únicos gobiernos que podrían gobernar hoy. En Bolivia no podría gobernar otro que no sea Evo Morales. Este es el único consenso capaz de sostenerse.

ASV - Desde la perspectiva de la emancipación se abrazan dos proyectos: uno el de la revolución bolivariana y otro el zapatismo. Algunos sectores políticos hacen un enorme esfuerzo de complementarlos. ¿Crees que con compatibles?

RC- Creo que son felizmente incompatibles. El que ha trazado la divisoria real de aguas en políticas en América Latina es el zapatismo. El chavismo es la vieja política del estado, vertical, del líder, de la organización, creer que de arriba planifico y dirijo. Pero ahí no hay ninguna idea política nueva.

Las consignas y el discurso político del bolivarismo o el chavismo reproducen las consignas clásicas del antiimperialismo, el populismo. Eso no agrega nada. Justamente es de lo que venimos.

ASV - Hace muy poco fuimos testigos de la Sexta Declaración de Lacandona en donde los zapatistas se apropian de una identidad muy definida: se definen como de "abajo" y a la "izquierda". ¿Te sorprendió esta identificación?

RC- Si, me llamó la atención. Ellos se definen como anticapitalistas, de izquierda y de abajo...

ASV - No parece muy novedosa la definición...

RC- Exactamente. En un principio, cuando leí el proceso de formación a mi mucho no me gustó. Especialmente cuando se fortificaba la idea del anticapitalismo, me pareció muy de la vieja izquierda, muy de "estar en contra". Después cuando empezaron a profundizar más, cuando plantearon que la izquierda era un lugar de lucha y de decir "nosotros somos parte de la historia de aquellos que se han revelado y esos son los que están en la izquierda", cuando hicieron esa diferencia entre la izquierda legal o partidaria y la otra, me gustó más. Lo de abajo significaba estar con la gente, a distancia del estado, no tomar el poder. Y lo del anticapitalismo queda como una declaración tácita, de decir que cualquier política que sea emancipativa implica estar en contra del capitalismo.

Pero los zapatistas en ningún momento proponen como salida un modelo de sociedad socialista. No hacen como dice Chavez "voy a hacer el capitalismo del siglo XXI". Esta postura refleja solo la impotencia de ese movimiento que no puede hacer más que repetir todo lo que se ha hecho el siglo pasado.

ASV - En los últimos años hemos sido bombardeados por teorías que provienen de pensadores europeos como John Holloway y Toni Negri, las cuales han tenido una fuerte influencia sobre los sectores militantes y sobre los movimientos sociales. Desde tu perspectiva ¿crees que aportan algo a la lucha?

RC- Creo que si, que hacen aportes. Han tenido la capacidad de poner sobre la mesa la discusión sobre la política y se han planteado nuevos caminos ha tomar. Mueven el avispero y traen teorías nuevas que colaboran en poner en movimiento otra vez a la política. Desde este punto de vista bienvenidas son estas teorías.

En lo que yo no coincido es en el movimiento general donde ellos resuelven sus principales tesis políticas. Son movimientos que en la tradición marxista llevan al marxismo de Marx hasta su consecuencia final. Es decir, ya no ponen a la política como superestructura de un modo de producción, sino lisa y llanamente, demuelen toda idea de superestructura. Eso es la política para ellos, la estructura en su totalidad.

Con lo cual la política abarca toda circunstancia de la vida y la existencia del hombre. Así no hay manera de poder diferenciar que es política y que no. Que es un acto político y que es un acto social. Para ellos todo acto del hombre es un acto social y todo acto social es un acto político. A mí me parece que eso no encaja con la idea de que la política necesita un corte.

ASV - En el contexto actual vemos un debate que suele darse en torno al tema de las nuevas tecnologías, especialmente sobre Internet. Creemos que el debate está atravesado por quienes piensan que se puede elaborar una estrategia tendiente a la reapropiación de esos medios y recursos y entre quienes plantean que esas tecnologías sólo reproducen más alienación ¿Cuál es tu opinión?

RC- La clave es ver que política toma cuerpo. Si no hay algo que interrumpa la lógica de este sistema todo lo que este produzca va hacer reciclado en el interior del propio sistema. La tecnología, Internet, la biotécnica, la construcción de hombres artificiales, sino no hay un proyecto político seguirán la lógica del capitalismo. Es decir, la lógica de un sistema que trabaja por el lucro, y que vive de eso.

Para mí esto no es bueno ni malo. Hay que ver desde donde se la puede pensar. Creo que la idea de que la técnica es mala o es buena con relación a como se lo utilizada, de un lado o del otro, es una vieja idea.

Es cierto que eso está ahí y hay que ver que se hace. Por ejemplo el zapatismo utiliza Internet sin límites, ellos le han encontrado una beta por donde desarrollarla. También me parece que resistirse a toda novedad, solo porque es nueva y peligrosa, es reaccionario. Hay que admitir que vivimos en un mundo de telecomunicaciones, de satélites, de Internet, con una dimensión de lo virtual que es real y que existe. Ese es el contexto desde el que tenemos que pensar. Todo depende de si hay proyecto político o no.

ASV - Por último, queríamos preguntarte sobre la Universidad y las luchas que se dan dentro de ella. Sabemos que es un tema que no soles tocar. ¿Te parece que hay posibilidades de construir una idea de política como emancipación dentro de la universidad?

RC- Tenés razón, ese es un tema que no toco. Solo registro que la Universidad no ha producido nada nuevo. Hubo un intento de nuevas experiencias y corrientes que ganaron algunos centros, con algunos nombres raros, que salían de la lógica de los partidos tradicionales de la izquierda, y algunas cosas fueron atractivas. Pero hoy no conozco que tenga consistencia una apolítica universitaria nueva, que haya algo nuevo procesándose. Más bien veo que las discusiones son las mismas, con el manejo propio de los partidos de izquierda.