viernes, 25 de junio de 2010
martes, 18 de mayo de 2010
UN NUEVO MAPA POLÍTICO DEJARON LAS ELECCIONES EN LA UNCO
El pasado 3 y 4 de mayo se realizaron por primera vez en la Universidad Nacional del Comahue, las elecciones directas para renovar las autoridades unipersonales (rector y decanos) y los consejeros superiores y directivos.
A nivel Universidad y pese al triunfo de la gestión actual con la formula Vega-Silva, se evidencia una fuerte crisis de este sector y un crecimiento de otro alternativo que representa a sectores progresistas. En el claustro estudiantil, las elecciones tuvieron como principal aspecto el crecimiento de la opción independiente que logró sorpresivos triunfos en algunas facultades como Viedma y Agrarias y muy buenos resultados en Economía, Ingeniería y Turismo[1].
A nivel del CURZA, el decanato quedó en manos de la lista “Alternativa” (Osvaldo Alonso-Patricia Weigandt) frente a la propuesta de la anterior gestión encabezada por Mario Villegas y Marta Bussani. “Alternativa” sustentó su triunfo al imponerse en no-docentes (18 a 17), perder por muy poco en docentes (73 a 68) y ganar por amplio margen en el sector estudiantil (297 a 139). En el claustro estudiantil, la Proyección Universitaria+Franja Morada se impuso con holgura ante la otra lista radical de los Estudiantes Reformistas Universitarios y ante la alternativa independiente del DEMo. Igualmente cada una de estas fuerzas logró representación en el próximo Consejo Directivo.
La nueva gestión “gobernará” con un Consejo Directivo que le será en gran medida adverso (ya que el radicalismo logró imponerse en los claustros estudiantil, docente, y graduados). Pese a esto, el paisaje del órgano colegiado será distinto al de otros años donde era abrumadora la mayoría radical.
¿Quien definió la elección?
Si bien desde la nueva gestión del CURZA agradecieron especialmente el “apoyo estudiantil”, la clave de su triunfo no fue este apoyo recibido, sino el triunfo obtenido en no-docentes y la derrota ajustada en docentes (claustros decisivos en la ponderación).
La opción Alonso-Weigandt logró un aplastante triunfo en el claustro estudiantil (le sacó 105 votos de diferencia a la opción radical), lo que hubiese sido claramente insuficiente para imponerse si no lograba una gran performance en docentes y no-docentes. Señalar al “voto estudiantil” como clave es un error bajo esta fuerte ponderación (que va en claro desmedro de la representación estudiantil y que robustece la de los docentes y especialmente la de los no-docentes).
Para ser “claves”, los estudiantes debieron darle un amplio apoyo a la lista “Alternativa”. Es decir que en todo caso, el carácter “definitorio” del voto de los estudiantes solo se dio (y dará) en una situación claramente excepcional (cuando se produce la combinación de una elección muy pareja en los claustros docentes y no-docentes, y a esto se suma un triunfo amplio de una de las opciones en el claustro estudiantil).
La interna radical y el “voto castigo”
Llamativo fue el apoyo que recibió la opción progresista en el CURZA por parte de un sector estudiantil del radicalismo encabezado por la alianza Proyección Universitaria-Franja Morada. Un importante caudal de votos de este sector apoyó la candidatura de Alonso-Weigandt, en medio de las diferencias coyunturales con la opción Villegas-Bussani.
Los grandes derrotados
Fueron sin duda la lista del oficialismo para el decanato y la agrupación ERU. La candidatura de Villegas-Busani se planteaba como clara continuidad de la del radical Miguel Silva, y esa herencia fue relevante en el destino de la elección.
Evidente fue el rechazo generalizado de la Comunidad Universitaria a las gestiones de Silva (2002-2006 y 2006-2010) que estuvieron marcadas por el apoyo a las acreditaciones con la CONEAU y los exámenes de ingreso, las denuncias por concursos viciados, el avance de la tercerizacion en el CURZA y la aceptación del dinero de las mineras contaminantes[2].
El brazo estudiantil de esta gestión fue asumido por el ERU (agrupación que en su plataforma proponía la apertura de la Licenciatura en Seguridad), que pese a contar con una gran cantidad de recursos para hacer su campaña (nada más y nada menos que el apoyo de la gestión de la CURZA), no pudo imponerse a otro aparato, conformado por la PU y la FM.
El nuevo escenario
El nuevo escenario en el Consejo Directivo abre nuevas posibilidades. El radicalismo ya no tendrá las prerrogativas de un consejo con una abrumadora mayoría como contó hasta ahora.
Habrá que ver ahora, que posibilidades se inician para avanzar en la democratización del gobierno de las carreras (que fuera negada y cerrada por la gestión del decano Silva y la Secretaria Académica Viviana Boletta), la apertura de un Comedor Universitario con fondos provenientes de la propia universidad (y no bajo el modelo de la Proyección Universitaria que abrió uno con fondos del gobierno provincial, sus padrinos políticos de la UCR y empresas privadas adictas al poder), la jerarquización de los concursos[3], una nueva relación entre los docentes y los estudiantes (que podría comenzar a equilibrarse a través, por ejemplo, de la evaluación estudiantil del desempeño docente)[4] y el establecimiento de una nueva relación entre la universidad y los sectores populares.
[1] El Frente de Estudiantes Independientes obtuvo el segundo puesto en las elecciones para renovar la representación estudiantil en el Consejo Superior y sentará 2 representantes en el órgano colegiado. Primero quedó la CEPA-PCR que ingresará 3 representantes. Tercero fue el lugar ocupado por la "lista 32" (un grupo de autoconvocados) que ingresará 2 representantes. El cuarto lugar fue para los Autoconvocados (otro grupo de autoconvocados) que sentarán 2 y el quinto para la JUS que ingresará solo 1 representante al Superior. Así, de los 10 integrantes del claustro estudiantil, 6 serán de las fuerzas de izquierda partidaria e independiente, y 4 de los sectores de derecha.
[2] Por si no fueron pocos los cuestionamientos que podrían caberle a la gestión del radical Miguel Silva en el decanato del CURZA en estos 8 años, antes de las elecciones se sumaron graves “errores” y “negligencias” administrativas de su administración en la confección de los padrones de las elecciones.
Masivos fueron los reclamos estudiantiles ante la ausencia de alumnos del CURZA que cumplían con todos los requisitos para estar incluidos en el padrón y no lo estaban.
De hecho, ante las presentaciones estudiantiles, se hizo una revisión del padrón y se dieron 174 altas. Igualmente –y esto reconocido por el propio decano- “quedaron muchos estudiantes, algunos inclusive alumnos míos, que cumplen con todas las condiciones y están fuera de los padrones”.
El mismo por entonces decano, reconocía las fuertes impericias administrativas de su propia gestión por la cual muchos estudiantes se vieron imposibilitados de ejercer el derecho a participar de estas elecciones. Y una más antes de irse. La frutilla del postre fue la doble condición del ex decano como “representante” de la Junta Electoral en el CURZA y a la vez candidato a vicerrector. Es decir, Juez y parte. Consultado por una emisora local sobre las posibles incompatibilidades en su rol de candidato a vicerrector y representante de la Junta Electoral del CURZA, Silva dijo que "yo solo recibo las inquietudes de los representantes de los claustros y las listas. No hay una imposibilidad legal de cumplir con este rol. No decido nada, solo certifico, recibo y remito a la Junta Electoral".
A nivel Universidad y pese al triunfo de la gestión actual con la formula Vega-Silva, se evidencia una fuerte crisis de este sector y un crecimiento de otro alternativo que representa a sectores progresistas. En el claustro estudiantil, las elecciones tuvieron como principal aspecto el crecimiento de la opción independiente que logró sorpresivos triunfos en algunas facultades como Viedma y Agrarias y muy buenos resultados en Economía, Ingeniería y Turismo[1].
A nivel del CURZA, el decanato quedó en manos de la lista “Alternativa” (Osvaldo Alonso-Patricia Weigandt) frente a la propuesta de la anterior gestión encabezada por Mario Villegas y Marta Bussani. “Alternativa” sustentó su triunfo al imponerse en no-docentes (18 a 17), perder por muy poco en docentes (73 a 68) y ganar por amplio margen en el sector estudiantil (297 a 139). En el claustro estudiantil, la Proyección Universitaria+Franja Morada se impuso con holgura ante la otra lista radical de los Estudiantes Reformistas Universitarios y ante la alternativa independiente del DEMo. Igualmente cada una de estas fuerzas logró representación en el próximo Consejo Directivo.
La nueva gestión “gobernará” con un Consejo Directivo que le será en gran medida adverso (ya que el radicalismo logró imponerse en los claustros estudiantil, docente, y graduados). Pese a esto, el paisaje del órgano colegiado será distinto al de otros años donde era abrumadora la mayoría radical.
¿Quien definió la elección?
Si bien desde la nueva gestión del CURZA agradecieron especialmente el “apoyo estudiantil”, la clave de su triunfo no fue este apoyo recibido, sino el triunfo obtenido en no-docentes y la derrota ajustada en docentes (claustros decisivos en la ponderación).
La opción Alonso-Weigandt logró un aplastante triunfo en el claustro estudiantil (le sacó 105 votos de diferencia a la opción radical), lo que hubiese sido claramente insuficiente para imponerse si no lograba una gran performance en docentes y no-docentes. Señalar al “voto estudiantil” como clave es un error bajo esta fuerte ponderación (que va en claro desmedro de la representación estudiantil y que robustece la de los docentes y especialmente la de los no-docentes).
Para ser “claves”, los estudiantes debieron darle un amplio apoyo a la lista “Alternativa”. Es decir que en todo caso, el carácter “definitorio” del voto de los estudiantes solo se dio (y dará) en una situación claramente excepcional (cuando se produce la combinación de una elección muy pareja en los claustros docentes y no-docentes, y a esto se suma un triunfo amplio de una de las opciones en el claustro estudiantil).
La interna radical y el “voto castigo”
Llamativo fue el apoyo que recibió la opción progresista en el CURZA por parte de un sector estudiantil del radicalismo encabezado por la alianza Proyección Universitaria-Franja Morada. Un importante caudal de votos de este sector apoyó la candidatura de Alonso-Weigandt, en medio de las diferencias coyunturales con la opción Villegas-Bussani.
Los grandes derrotados
Fueron sin duda la lista del oficialismo para el decanato y la agrupación ERU. La candidatura de Villegas-Busani se planteaba como clara continuidad de la del radical Miguel Silva, y esa herencia fue relevante en el destino de la elección.
Evidente fue el rechazo generalizado de la Comunidad Universitaria a las gestiones de Silva (2002-2006 y 2006-2010) que estuvieron marcadas por el apoyo a las acreditaciones con la CONEAU y los exámenes de ingreso, las denuncias por concursos viciados, el avance de la tercerizacion en el CURZA y la aceptación del dinero de las mineras contaminantes[2].
El brazo estudiantil de esta gestión fue asumido por el ERU (agrupación que en su plataforma proponía la apertura de la Licenciatura en Seguridad), que pese a contar con una gran cantidad de recursos para hacer su campaña (nada más y nada menos que el apoyo de la gestión de la CURZA), no pudo imponerse a otro aparato, conformado por la PU y la FM.
El nuevo escenario
El nuevo escenario en el Consejo Directivo abre nuevas posibilidades. El radicalismo ya no tendrá las prerrogativas de un consejo con una abrumadora mayoría como contó hasta ahora.
Habrá que ver ahora, que posibilidades se inician para avanzar en la democratización del gobierno de las carreras (que fuera negada y cerrada por la gestión del decano Silva y la Secretaria Académica Viviana Boletta), la apertura de un Comedor Universitario con fondos provenientes de la propia universidad (y no bajo el modelo de la Proyección Universitaria que abrió uno con fondos del gobierno provincial, sus padrinos políticos de la UCR y empresas privadas adictas al poder), la jerarquización de los concursos[3], una nueva relación entre los docentes y los estudiantes (que podría comenzar a equilibrarse a través, por ejemplo, de la evaluación estudiantil del desempeño docente)[4] y el establecimiento de una nueva relación entre la universidad y los sectores populares.
[1] El Frente de Estudiantes Independientes obtuvo el segundo puesto en las elecciones para renovar la representación estudiantil en el Consejo Superior y sentará 2 representantes en el órgano colegiado. Primero quedó la CEPA-PCR que ingresará 3 representantes. Tercero fue el lugar ocupado por la "lista 32" (un grupo de autoconvocados) que ingresará 2 representantes. El cuarto lugar fue para los Autoconvocados (otro grupo de autoconvocados) que sentarán 2 y el quinto para la JUS que ingresará solo 1 representante al Superior. Así, de los 10 integrantes del claustro estudiantil, 6 serán de las fuerzas de izquierda partidaria e independiente, y 4 de los sectores de derecha.
[2] Por si no fueron pocos los cuestionamientos que podrían caberle a la gestión del radical Miguel Silva en el decanato del CURZA en estos 8 años, antes de las elecciones se sumaron graves “errores” y “negligencias” administrativas de su administración en la confección de los padrones de las elecciones.
Masivos fueron los reclamos estudiantiles ante la ausencia de alumnos del CURZA que cumplían con todos los requisitos para estar incluidos en el padrón y no lo estaban.
De hecho, ante las presentaciones estudiantiles, se hizo una revisión del padrón y se dieron 174 altas. Igualmente –y esto reconocido por el propio decano- “quedaron muchos estudiantes, algunos inclusive alumnos míos, que cumplen con todas las condiciones y están fuera de los padrones”.
El mismo por entonces decano, reconocía las fuertes impericias administrativas de su propia gestión por la cual muchos estudiantes se vieron imposibilitados de ejercer el derecho a participar de estas elecciones. Y una más antes de irse. La frutilla del postre fue la doble condición del ex decano como “representante” de la Junta Electoral en el CURZA y a la vez candidato a vicerrector. Es decir, Juez y parte. Consultado por una emisora local sobre las posibles incompatibilidades en su rol de candidato a vicerrector y representante de la Junta Electoral del CURZA, Silva dijo que "yo solo recibo las inquietudes de los representantes de los claustros y las listas. No hay una imposibilidad legal de cumplir con este rol. No decido nada, solo certifico, recibo y remito a la Junta Electoral".
Recordemos que la propia Teresa Vega, candidata a rectora y acompañante de la fórmula de Silva, decidió no participar de la Junta Electoral por considerar que había una incompatibilidad entre ambas funciones. Sobre esto Silva señaló a la misma emisora que "seguramente de saber de estas quejas me hubiese inhibido de participar en la Junta Electoral. He tenido siempre una conducta correcta. Igual es todo materia opinable".
[3] Claramente desprestigiados en la gestión del radical Miguel Silva. Ver conflicto de Ciencias Políticas.
[4] En la Facultad de Agrarias de Comahue existe la instancia de evaluación estudiantil del rendimiento docente. Allí los estudiantes se pronuncian (de manera anónima) sobre los aspectos pedagógicos y metodológicos de la labor de los docentes. Este pronunciamiento estudiantil queda luego incluido en el curriculum docente y es publicado en la facultad.
[3] Claramente desprestigiados en la gestión del radical Miguel Silva. Ver conflicto de Ciencias Políticas.
[4] En la Facultad de Agrarias de Comahue existe la instancia de evaluación estudiantil del rendimiento docente. Allí los estudiantes se pronuncian (de manera anónima) sobre los aspectos pedagógicos y metodológicos de la labor de los docentes. Este pronunciamiento estudiantil queda luego incluido en el curriculum docente y es publicado en la facultad.
miércoles, 28 de abril de 2010
LA UNCO SE ALISTA PARA LAS ELECCIONES
Este 3 y 4 de mayo se llevarán a cabo por primera vez en la Universidad Nacional del Comahue, las elecciones directas para elegir rector, decanos y consejeros superiores y directivos.Dos listas compulsaran por el rectorado, “Universidad para Todos”[1] que postula a Teresa Vega como rectora y a Miguel Silva como vicerrector, y “Encuentro para Cambiar la UNCo”, que propone a Enrique Stein como rector y a Osvaldo Alonso como vicerrector. Dos también serán las listas que irán por el decanato del CURZA: la lista “Compromiso” que postula a Mario Villegas como decano y Marta Busani como vice y la lista “Alternativa Universitaria” que propone a Osvaldo Alonso como decano y Patricia Weigrant como vice.
En cuanto al Consejo Superior de la UNCo, el claustro estudiantil podrá elegir entre 7 opciones. En el mismo caso, pero para renovar la representación estudiantil del Consejo Directivo del CURZA, los estudiantes podrán optar por tres listas: la del DEMo (independientes), el ERU (de extracción radical) y la alianza –también radical- entre Proyección Universitaria+Franja Morada.
Elecciones de decano: “los estudiantes convidados de piedra”[2]
Dos opciones competirán por el decanato del CURZA. Una, la lista de la gestión, “Compromiso”, encabezada por Mario Villegas[3] y la otra la lista “Alternativa”[4], encabeza por Osvaldo Alonso.
Pese que parecen evidentes las diferencias entre estas opciones, la marca determinante de esta elección de decano no será la confrontación entre dos tendencias políticas, sino la fuerte ponderación que beneficia a los claustros no-docentes y docente, en claro desmedro del estudiantil.
En comparación a la envergadura de los claustros y a la representación en el Consejo Directivo (este ultimo órgano es el que define la ponderación) el voto docente valdrá 8 estudiantiles, mientras que el no-docente[5] representará el de 14 estudiantes.
En este contexto, los estudiantes no serán determinantes en el destino de esta elección. Si lo serán el sector docente (que es el único en el cual sus integrantes pueden elegir y ser elegidos decano) y los no-docentes (que se encentran en una clara situación de subordinación en relación a la gestión de turno).
Así, puede darse un escenario donde un decano sea elegido por una minoría (docente y no-docente) y no sea convalidado por el claustro mayoritario, el estudiantil. Aunque este sistema horrorizaría a cualquiera, este planteo no ha formado parte de ninguno de los dos proyectos. Aunque se reconoce “el rol central de los estudiantes en la Universidad”, se los restringe a una clara función legitimadora de estas elecciones.
La opción independiente ante el rearme radical
La lista del DEMo (Independientes), competirá en estas elecciones contra dos tendencias de extracción radical. Una conformada por los Estudiantes Reformistas Universitarios y la otra por la alianza Proyección Universitaria+Franja Morada.
Siempre ha sido difícil calificar a las agrupaciones radicales en el CURZA, ya que se mueven por padrinazgos políticos y no por definiciones políticas que las diferencien. En este caso, la primera apuesta radical (CPU+ERU) acompañará la candidatura de Vega-Silva para el rectorado y Villegas-Busani para el decanato del CURZA. La otra (PU-FM), mantiene diferencias con el decano, que claro está no se basan en miradas distintas de la universidad, sino en desencuentros coyunturales.
El DEMo se constituye así, en el único contrapeso al radicalismo en estas elecciones. Desde el Consejo Directivo, la agrupación independiente propuso un proyecto de democratización del organigrama del CURZA (organización de las carreras) que contó con un amplio consenso dentro del claustro estudiantil, pero que fuera rechazado por los sectores que responden a la actual gestión de la facultad.
La agrupación independiente (que a nivel Comahue integra el flamante Frente de Estudiantes Independientes- FEI-) tampoco manifestó el apoyo a ninguno de los candidatos a rector y decano, y señaló que “utilizará estas elecciones para intervenir en los espacios donde los estudiantes tienen representación y denunciar el carácter desigual de las elecciones para autoridades unipersonales”.
Nueva opción independiente y polarización de la izquierda
Las elecciones estudiantiles para elegir consejeros superiores estarán marcadas por una fuerte polarización de la izquierda (el trotskismo presentará tres listas diferentes y el PCR otra) y por la presentación de una nueva opción independiente.
La izquierda orgánica, dividirá sus fuerzas en tres tendencias trotkistas, la JUS (ex Partido Obrero), el Partido Obrero y Enclave Roja y otra perteneciente al Partido Comunista Revolucionario (PCR-CEPA), que lleva el nombre “Unidad Estudiantil para cambiar la UNCo”, y que acompaña a los candidatos para el rectorado Stein-Alonso.
La CEPA se constituye actualmente, en la fuerza estudiantil más importante aunque su accionar a partir de la lucha por la democratización haya sido fuertemente cuestionado[6]. Su posicionamiento a favor de los sectores concentrados del campo (lo que calificaron de “rebelión agraria”), los redujo en sus representaciones estudiantiles en todo el país, aunque en Comahue mantienen su fuerza.
Los independientes estrenarán frente este año. Se trata del Frente de Estudiantes Independientes (FEI) que nuclea a diversas expresiones independientes en Comahue. Se trata de las agrupaciones DEMo (segunda fuerza en el Curza), APE (segunda fuerza en Economía), AIA (conducción de Agrarias), GRAM (segunda fuerza en Medicina) y La Carcava (conducción de Turismo).
La mayoría de estas organizaciones firmaron en conjunto un proyecto de Democratización[7] que proponía, entre otras cosas, el rechazo a la elección directa de las autoridades unipersonales, el claustro único docente y la paridad estudiantil-docente. Proyecto que claro está, fue rechazado por la última Asamblea Universitaria.
En estas elecciones de consejeros superiores estudiantiles, la derecha quedará reducida a la opción de los sectores autoconvocados, con la lista “Unión Autoconvocados”, que responde a la gestión de la UNCo.
[1] La opción Vega-Silva representa, políticamente, la alianza entre el MPN y la UCR a nivel Comahue.
[2] El convidado de piedra es quien, en una reunión, pasa desapercibido o es ignorado por los anfitriones.
[3] Villegas se plantea como la continuación de la gestión del radical Miguel Silva en el decanato. De hecho, Villegas fue vice-decano de Silva, en una gestión caracterizada por las denuncias por concursos irregulares, el apoyo a la Ley de Educación Superior menemista, el aval a los exámenes de ingreso en Medicina, el avance de la tercerizacion de la facultad y la aceptación del dinero ingresado por las mineras contaminantes.
[4] La Lista Alternativa representa en el CURZA, a todo el sector critico de la gestión radical. En las elecciones para rector acompañan la lista del gremio ADUNC, encabezada por Enrique Stein, espacio hegemonizado por el Partido Comunista Revolucionario –PCR-.
[5] El claustro no-docente constituye el claustro que mayor poder de representación ostenta. A esto se suma, su común apoyo a las gestiones en curso por depender su nombramiento y remoción de las figuras unipersonales del decano y el rector. Así este claustro, en el mejor de los casos, se encuentra condicionado a la hora de tomar decisiones en contra del grupo dominante. En cuanto a este punto, el proyecto de las agrupaciones independientes señalaba la necesidad de que este claustro dependa de los órganos colegiados y no de las autoridades unipersonales. Los otros sectores solo se limitaron a discutir si debería denominarse a este claustro como “no-docentes” o “trabajadores de la universidad”.
[6] Fue evidente el cierre al proceso de lucha por la democratización que esta agrupación pacto con la gestión de Vega, autoplocamandose luego, conducción de la Federación Universitaria del Comahue en una elección que todas las fuerzas (excepto las del mismo PCR y los radicales y peronistas) consideraron fraudulentas. Durante la gestión del PCR, la conducción de la FUC fue desconocida por la mayoría de las fuerzas políticas de Comahue y por los movimientos sociales y de DDHH de la región.
[7] El reclamo de paridad no fue acompañado por ningún sector docente. Hay que aclarar aquí que “paridad” no significa “igualdad”, ya que si bien los claustros docente y estudiantil podrían tener la misma cantidad de representantes, este ultimo claustro cuenta con una masividad mucho mayor, por lo que su representación se vería igualmente reducida en relación a la docente.
jueves, 8 de abril de 2010
domingo, 14 de marzo de 2010
COMIENZA UN AÑO AGITADO EN LA UNCo

Este año no será un año más en la Universidad Nacional del Comahue. En mayo se realizarán las elecciones directas para elegir a las autoridades unipersonales (decanos y rector) y los consejeros superiores y directivos, luego de la aprobación del nuevo estatuto que fuera rechazado por diversos sectores de la comunidad universitaria por considerarlo hecho a la medida de la gestión y los sectores del poder en la Universidad.
En la sesión del pasado jueves 4 de marzo, el Consejo Superior de la Universidad Nacional del Comahue trató y aprobó el Reglamento Electoral en vísperas a las elecciones para renovar sus autoridades.
El acto electoral para elegir Rector y vicerrector, Decano y Vicedecano, Consejeros Superiores y Consejeros Directivos se desarrollará los días lunes 3 y martes 4. El escrutinio definitivo se llevará a cabo el miércoles 6 y la proclamación de los candidatos electos se hará el jueves 7. Para el caso de que ninguna de las fórmulas de Rector y Vicerrector y Decano y Vicedecano obtenga la mayoría absoluta, se procederá a una nueva votación, la que se realizará los días miércoles 17 y jueves 18 de mayo.
La reforma de la gestión
La gestión de la universidad presenta como un “paso adelante” la aprobación del nuevo estatuto. En declaraciones públicas destacan el contenido del nuevo estatuto que “aumenta la representación estudiantil y termina con la rosca política de las elecciones indirectas”.
Igualmente, hay otras miradas de la aprobación de este nuevo estatuto. Entre estas figuran la de las agrupaciones independientes que plantean algunos aspectos nodales y críticos del nuevo estatuto que van en el sentido de socavar la representación estudiantil, sostener las posiciones dominantes del claustro docente y robustecer el poder de las autoridades unipersonales.
Los aspectos cuestionados de la reforma son:
-La elección directa de autoridades: que entra en clara contradicción con el principio de co-gobierno y permite que los cargos unipersonales se vean legitimados por esta “elección directa”
-El sostenimiento del 50 por ciento de representación docente en los consejos directivos: siguiendo las directivas de la Ley de Educación Superior (LES) que establece que el claustro docente debe tener, como mínimo, un 50% de participación en el co-gobierno.
-El escaso aumento de la representación estudiantil en los directivos: que solo se incrementó un 5% y
-La continuidad del voto de los decanos en el consejo superior: que ahora crecieron de 9 a 13 con la incorporación de 5 nuevas facultades.
Este cuadro del poder en la Universidad se completa con la falta de independencia que posee el claustro del personal no-docente, que al depender su nombramiento y remoción de las figuras unipersonales del decano y el rector, en el mejor de los casos, se encuentra condicionado a la hora de tomar decisiones en contra del grupo dominante1 .
Bajo este “consenso”, los grupos de poder de la universidad, acompañados por algunos sectores “progresistas”, aprobaron un estatuto que pretende dar cierre (normalizar) un periodo de lucha abierto por el movimiento estudiantil en búsqueda de democratizar los espacios de poder en la universidad.
La elección directa de autoridades: una trampa para concentrar más poder
Bajo el sistema del gobierno colegiado, los cargos unipersonales (decanos y rector) deberían cumplir funciones subordinadas a estos órganos que conformar el gobierno de la universidad (consejos directivos y consejo superior). Sin embargo, en los hechos, estas autoridades cumplen claras funciones políticas y están facultadas de poderes que les permiten –por ejemplo- tener VOZ y VOTO en los consejos y aumentar así el poder del sector docente, al que también pertenecen.
La elección directa se inserta como uno de los postulados básicos de la LES, que en sus artículos 52 y 53 dispone la función de los órganos de gobierno universitario y establece que los órganos colegiados tendrán básicamente funciones normativas generales, de definición de políticas y de control, en tanto que los unipersonales tendrán funciones ejecutivas.
En este contexto, la implementación de la elección directa significa dotar de mayor poder (y legitimidad) a estos cargos unipersonales.
La elección directa tiene otro aspecto oscuro: el voto estudiantil está ponderado, por lo que vale varias veces menos que el de los docentes.
La ponderación para elegir rector y decanos se realizará en relación a la representación de los claustros en los consejos directivos, donde el claustro docente concentra el 50% de la representación mientras los estudiantes (un claustro abrumadoramente mayor en número) solo llega al 25%.
Luego de la aprobación del estatuto, las agrupaciones independientes integrantes del Frente de Estudiantes por la Resistencia –FER- consideraron a la elección directa como “la gran derrota” y manifestaron que “de todas las resoluciones de la Asamblea Universitaria, la más perjudicial es la Elección Directa. Este es el ataque más concreto de la LES dentro de los órganos de gobierno, ya que plantea el debilitamiento de los órganos colegiados, fortaleciendo las figuras unipersonales”.
Hasta ahora solo la actual gestión de la universidad ha presentado lista para elección de rector y vicerrector. Se trata de la formula encabezada por la rectora interina Teresa Vega y el decano del CURZA Miguel Silva que de esta manera blanquean el acuerdo político entre sectores del radicalismo (Río Negro) y el MPN (Neuquén) en la universidad. Como aspecto positivo podemos decir, que estas elecciones “blanquean” alianzas políticas implícitas o mantenidas en las sombras.
La lista representa a una gestión que avaló el golpe institucional de Boccanera, el avance de la tercerización de la universidad y el ingreso restricto.
Retrocesos
La reforma impuesta por la gestión implica sin dudas un fuerte pasó atrás en la reivindicaciones estudiantiles. Finalmente, el aumento de la representación estudiantil fue marginal y no modifica en absoluto el cuadro de poder en los consejos directivos.
Los consejos directos y el superior, permanecen entonces como espacios donde el poder de la universidad legitima su política amparado por una abrumadora mayoría.
La reforma de la representación de los consejos directivos permite que los docentes consoliden su mayoría a través del siguiente dibujo: 8 docentes (50%), 4 estudiantes (25%), 3 no docentes (18.75%) y 1 graduado (6.25%). A esto hay que sumar al decano, también integrante del claustro docente.
Sobre esto, agrupaciones independientes de la UNCo señalaron que “el “aumento de la representación estudiantil”, si bien implica un avance (de sólo el 5%) con respecto a la situación actual, no se acerca a las propuestas sostenidas por el movimiento estudiantil que en diversas instancias impulsó la paridad (igualdad entre docentes y estudiantes) como propuesta, desde la FUC (aprobado en Congreso Extraordinario en 2006), e incluso otros sectores proponían la Mayoría Estudiantil. Con esto queda ampliamente demostrado que no se han contemplado en absoluto las propuestas de l@s estudiantes”.
Desafios
Estas elecciones si bien se enmarcan en un intento de la gestión de terminar por normalizar Comahue significan una posibilidad de avanzar en consensos nuevos.
Abrir el debate, reiniciarlo, ampliar la mirada, aparecen como desafíos en momentos en donde es evidente el avance de los sectores reaccionarios en la UNCo.
1 Proyecto de Democratización del Frente de Estudiantes por la Resistencia –FER-
martes, 15 de diciembre de 2009
BARCIELA: “EN EL PERONISMO HAY UN NÚCLEO FUNDACIONAL PLEBEYO QUE TOCA ALGUNA FIBRA SENSIBLE DE LOS SECTORES DOMINANTES”

Por Patricio Lobos
Gonzalo Barciela es docente de la Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo y llegó al CURZA esta vez para dar continuidad al seminario “La decisión armada. Indagación sobre la subjetividad militante en la Argentina Sublevada (1969-1973)”.
El seminario resulta ser una continuidad del espacio de trabajo conformado en el CURZA desde el año 2005. Testimonio de este fructífero intercambio han sido los seminarios: “Pensamiento Político Latinoamericano”, dictado durante el segundo cuatrimestre correspondiente al año 2005, “El populismo y la primacía de la política”, el cual se desarrolló durante el año 2006. Finalmente, el curso “Wo es war, soll ich werden. Derivas lacanianas y postalthusserianas de la subjetividad política”, dictado el año pasado.
“La decisión armada” propone abordar el estudio de las condiciones de emergencia de la acción política armada y de la subjetividad que le resultó inmanente, desde mediados de la década del ’60 hasta fines de los años ’70 en nuestro país.
Realizas tu tercer seminario en el CURZA, esta vez se trata de “La Decisión Armada: Indagación sobre la subjetividad militante”. Contanos que ideas pretendes desarrollar.
El primer objetivo es darle continuidad al espacio de reflexión en el que venimos trabajando hace ya cuatro años en el CURZA. Reunir esas diferentes herramientas que fuimos desplegando en el plano de la teoría política para abordar una serie de trabajos propios de la historia reciente y desplazarnos, pasar del escenario de la crónica, de la reflexión militante y del plano meramente descriptivo que propone la historiografía, a efectos de indagar procesos, en los que la teoría política nos permite inteligir identidades y actores en pugna y, en particular, mostrar cómo el concepto captura lo histórico.
Lo histórico no se ordena por la mera sucesión de hechos, como una cronología, sino que, de lo que se trata, es de captar la racionalidad inmanente a los procesos, la serie de estrategias e intervenciones a partir de las cuales se ordenan las fuerzas que uno puede entender que ingresan a ese campo y en esa situación histórica. La situación histórica se ordena como un proceso y dentro del mismo se inscriben determinados agentes. También es interesante ver en ese espacio como se constituyen sujetos políticos.
Uno de los movimientos que planteas estudiar es el de Montoneros o la izquierda peronista. En el seminario planteabas que se trata de escapar de las visiones instrumentales, esas que entienden la adhesión al peronismo como una decisión racional e instrumental. ¿Crees que el proceso en realidad es más complejo?
Hay una visión extendida que plantea que la adhesión de amplias franjas de las organizaciones armadas al peronismo responde a una lectura más propia de la decisión o elección racional o también a una sociología de cuño neokantiano, que entiende a la acción como concertada o constituida con arreglo a fines. Esas lecturas sitúan un problema práctico de orden prioritario que sería la brecha, aparentemente irreductible entre la vanguardia política, que se sostiene de su propia declaración o autoproclamada, y las masas, donde la simple adhesión al peronismo permitiría zanjar ese obstáculo o distancia.
Lejos de esa suerte de maleabilidad, que significaría presuponer un sujeto que encuentra a su disposición identidades preconstituidas y las elige a su arbitrio, hay reglas que hacen a la constitución del dispositivo de enunciación propio del peronismo. El peronismo en tanto identidad política es un fenómeno discursivo y por lo ello supone determinadas reglas de formación y disposición de los elementos que conforman esa discursividad. La adhesión al peronismo implica el ingreso a esas reglas de juego que rigen sobre el espacio discursivo. Precisamente el derrotero de Montoneros puede leerse a partir de esa inscripción.
¿Cómo opera este dispositivo, cómo logra atrapar a un sector de la juventud revolucionaria y no a otra?
El planteo es ¿qué hacer con el peronismo después del golpe del 16 de septiembre de 1955? Y ahí se dibujan y ensayan distintas respuestas. Unas son las de la neutralización, otras las del aislamiento, otras las de la integración, pero el peronismo sigue apareciendo como ese problema donde los sectores trabajadores refrendan su fidelidad a Perón.
Para algunos autores bastaría con haber abierto el cauce a la participación del peronismo, como se intenta durante el gobierno de Frondizi, pero ese elemento de sostenida aversión al peronismo de parte de los sectores dominantes, casi como una ceguera para algunos, no lo permite. El sistema político estaría, según este planteo, en una relación de empecinamiento.
Creo que en realidad, lejos de ser sólo un problema de integración, hay una premisa irreductible, la de la presencia de las masas, el ingreso de los sectores populares a la escena política, su irrupción y la persistencia de un núcleo fundacional plebeyo. El peronismo toca alguna fibra sensible de los sectores dominantes y eso es lo que nunca se logra desactivar. Existe un obstáculo, una presencia inquietante tanto de orden estético, para las derechas, como epistemológico, para las izquierdas. Es decir, los peronistas no sólo huelen mal y se visten peor, sino que no cesan de equivocarse.
Ese permanente poner en jaque al sistema político por parte del peronismo tiene un parte aguas en el año 1966. Ahí comienza un proceso de racionalización del mando del capital. El capital es mando político y como relación social es una relación de mando. La emergencia del capital extranjero en el año 1966 rompe con lo que Juan Carlos Portantiero llamaba “empate hegemónico” entre los sectores populares y el bloque dominante. Esta confrontación se resuelve a favor del capital extranjero con el golpe de Onganía, lo que significará un salto cualitativo del capital argentino. Lo que eso genera es un golpe profundo a una gran parte de la masa obrera y a sectores medios, profesionales, comerciantes y estudiantes.
Lo que verifica la agresión del onganiato es la permanencia de la lucha de los trabajadores que no es una suerte de épica, sino que reconoce procesos de resistencia e integración, parcial, como sostiene Daniel James. Si uno analiza el período que comprende el fin de la década del ’50 y los comienzos y mediados de los ‘60, hay un momento entre 1959, con la toma del Frigorífico Lisandro de la Torre y 1964, con el Plan de Lucha que lanza Vandor que inicia una serie de tomas de fábrica, durante el gobierno de Illia, donde se nos presenta un impasse, una interrupción, donde los sectores duros de la resistencia se ven a merced del poder, hay que recordar que en marzo de 1960, Frondizi promulga el Plan Conintes, que despliega un accionar represivo a la largo y ancho del país y en un marco de repliegue de la masa obrera. Esa derrota cala duro y habilita la lectura de una salida política negociada.
Otro elemento es la intransigencia de Perón de no plantearse ninguna salida política que no incluyera su propio reingreso al sistema político. Eso explica el sabotaje a la intentonas neoperonistas como la de Vandor que van en el sentido de construir un peronismo obrero, sin Perón, un movimiento fuertemente sindical. Ahí se ve el rasgo trostkista de Vandor, que supo tener militancia trostkista. Esta idea de lo político subordinado a lo sindical es bastante morenista. Igual conocemos cuál fue el desenlace de esa disputa.
Todos estos elementos van confluyendo, están presentados en la situación. Hay una frase esclarecedora de Horacio González que sirve para describir este proceso: “el peronismo es una suerte de recolector de las experiencias errantes de una sociedad frustrada”.
Y en ese contexto de lucha social, política y armada, ¿como opera el acontecimiento del Cordobazo?
¿Por qué vemos al Cordobazo, o lo situamos, como acontecimiento? Porque tiene la capacidad de movilizar esa serie de -en términos marxistas- contradicciones o antagonismos. Es decir, esa serie de elementos presentados en esa situación. Hay prácticas y lenguajes que están presentados, y que retroactivamente cobran inteligibilidad como antecedentes del Cordobazo. Pero el Cordobazo, en una suerte de postulación reflexiva o reflexión determinante como sostenía Hegel, las reúne y las lanza hacia delante.
La emergencia de las organizaciones urbanas que despliegan su accionar urbano, se produce con posterioridad al año 69. El quinto congreso del PRT, donde se decide fundar el ERP, se realiza en junio de 1970, es decir, con posterioridad al Cordobazo, pero también, ya en el año ’68 y durante el IV Congreso rompen filas con el morenismo bajo la consigna “Todo el partido al combate”, eso que era más una aspiración, adquiere eficacia histórica, y política, con la efectuación del Cordobazo, a partir de rastrear sus huellas, sus consecuencias. Estas experiencias de preparación militar, de pertrechamiento, cobran fuerza histórico-política a partir del Cordobazo. Allí cobra consistencia histórica lo que lamamos la “masa guerrera”. Con ese concepto no sólo nos referimos a quienes toman la práctica armada como acción política principal, sino también, a una diversidad de espacios que confluyen en el período.
La nueva izquierda fue un gran actor de ese momento que está a medio camino de constituirse como movimiento social y a la vez como actor político. En lo social como un agregado de demandas y de actores que reconocen una heterogeneidad tanto en lo ideológico-político como en su componente social. Y eso es lo interesante. El Cordobazo tiene esa posibilidad de reunir todos estos elementos y resolver una serie de contradicciones hacia adelante porque marca al interior de las lecturas de esas organizaciones el decisivo protagonismo de las masas urbanas. Como una irrupción que enclava, que imprime en la escena histórica una clave de lectura política.
El otro día veíamos el documental ERREPE y allí los militantes del ERP comentaban como significativa la experiencia del Cordobazo en sus estrategias ya que la calificaban como una pueblada no peronista.
Si, porque se inscribe en la narrativa de esa nueva izquierda. Hay como dos trayectorias: una la de la nueva izquierda que reconoce el clasismo de Córdoba y el movimiento sindical que es el que más vive este proceso de racionalización y reconstrucción del mando del capital. Pero comienza a cobrar consistencia ese sujeto político con posterioridad al Cordobazo. La pueblada tiene esta característica de oposición al gobierno de Ongania donde la demanda por el retorno de Perón es una más dentro de otras. Seguro que hubo obreros peronistas en el Cordobazo, pero no es directamente reinscribible dentro de la resistencia peronista.
Esa es la gran capacidad del Cordobazo de abrir dos claves de lectura y conformar dos identidades, una la de la nueva izquierda en ruptura con los partidos tradicionales y otra que sitúa al peronismo como la conciencia propia de la clase trabajadora, y como el despliegue mismo de su autoconciencia.
En los últimos años se ve como un retorno del tema de la lucha armada en la Argentina. Documentales en la tele, videos, películas, libros. ¿A qué crees que responde esto?
El proceso de rediscusión del accionar de las organizaciones armadas tiene dos puntos: uno la lectura que se establece en los ‘80, más ligada a una contraposición entre el accionar de las organizaciones y los valores más de corte normativo de la democracia, ello en el marco de la transición y la salida de la dictadura. Era urgente cimentar una lectura del pasado inmediatamente reciente. En los ‘90 se marca un proceso de ruptura con los 20 años del golpe, donde hay un proceso de reapropiación del desaparecido. Porque el desaparecido sufriría una doble desaparición: la física y la de su propia identidad en términos políticos. Hay un rescate de esto. Esto está ligado a la constitución y búsqueda de vías de acción política contra el menemismo, en dos frentes: con la protesta social a partir del año 1996 que irrumpía desde los márgenes del país y que después tendrá eco en el Conurbano y luego con otras modalidades de la acción colectiva, donde se destaca esa gran invención que es el Escrache. Ahí hay una rediscusión que intenta trazar una perspectiva de lo que “somos”. El rescate del desaparecido en tanto militante y no en tanto víctima, es parte de esa búsqueda. Esa empresa de reapropiación hay que entenderla en ese contexto, donde el Estado se presentaba como el gran garante de la impunidad.
En el último módulo del seminario planteás la necesidad de debatir sobre los contenidos actuales de la militancia. Trazando algún tipo de analogía, ¿Cuál crees que es el acontecimiento que convoca a las nuevas generaciones?
Las jornadas del 19-20 de diciembre de 2001 son como la gran reunión o condensación de una serie de contradicciones. El proceso que vivimos a partir de mayo de 2003 no se entiende sin esas jornadas pero, a su vez, creo que la lectura que queda por adelante sobre la indagación acerca de la práctica política, está directamente vinculada a releer que aconteció en el 2001 y no detenerse en su sola exaltación. Entender también que hay una densa trama de actores e identidades donde lo político no se satisface solamente de la pura novedad o la simple ruptura. Hay que ir a la búsqueda y ver si existe o no la posibilidad de conformación de un sujeto político. Igualmente la constitución de un sujeto político, en un sentido fuerte, capaz de constituirse en el nervio histórico que moviliza la situación, implica un proceso mucho más lento.
Pensamos como un acontecimiento las jornadas del 19-20 en tanto no cesa de causar efectos o de permanecer en la situación, es decir, que no se ha clausurado su eficacia. Pero esto no quiere decir que su eficiencia se realiza sólo a través de su exaltación o por el hecho de nombrarlo. Lo importante es -transitado casi 8 años- que hay que entender que respuestas se han dado y qué es lo que está en juego. No agotar el acontecimiento ni en su exaltación ni en su condena. Ya en la propia indagación se sitúa un sujeto.
En esto de pensar la ética militante de las organizaciones armadas de los 60 y 70, nos viene a la cabeza la imagen del zapatismo. El zapatismo parece haber aprendido de las experiencias e inaugura una nueva ética. En palabras de los zapatistas: “el fin no justifica los medios”. ¿Lo ves así?
Creo que el zapatismo es como una suerte de anacronismo. En el momento mismo en que acontece la toma del municipio de San Cristóbal de las Casas, Jorge Castañeda publicaba un libro, “La utopía desarmada”, donde daba por cerrado el ciclo de la izquierda armada latinoamericana. El zapatismo emerge como un grito de desahogo, desde esos márgenes del repliegue.
El zapatismo no tiene una capacidad de incidencia en términos de su tecnología militar. Ellos saben que están cercados en términos militares. Lo que han entendido bien es una suerte de relectura de la “guerra de posiciones” en el espacio de lo político. Incluso uno podría entender que el imaginario político de los ’60 y ’70 permanece como parámetro que informa la acción, en tanto existe un marcado foquismo, porque San Cristóbal de las Casas es como una suerte de centro de irradiación, a partir de la palabra de Marcos que ensaya una “guerra de zapa”, que pretende quitar o arrebatar al enemigo sus puntos de repliegue, en el sentido de buscar apoyos políticos.
El zapatismo es un fenómeno ligado a los procesos de autonomía, de búsqueda de iniciativas propias en relación a un Estado fuertemente centralizado, pero que termina por tener una referencia residual y espectral respecto del mismo. Coincido en que hay un cuestionamiento de cierta lógica militarista, muy presente en el debate que tuvo Marcos con Euskal Ta Askatasuna (“País Vasco y Libertad”), durante el año 2003, pero el foquismo, como componente de un imaginario político, y con la fuerza movilizadora que tiene la imagen, permanece, más allá de su identificación con una práctica armada ligada a la contraposición campo-ciudad, es decir, una matriz de orden territorial.
Igualmente después del zapatismo se da la irrupción de otros movimientos de raíz indígena. Uno es la CONAIE en Ecuador, un movimiento insurreccional de masas, que hace una experiencia política fallida con el gobierno de Gutiérrez, pero establece la cuestión indígena como una componente que hace a la identidad de Ecuador. En Bolivia lo mismo, y aún más pronunciado, no sólo por la llegada de un presidente indígena, sino porque lo boliviano como tal está en tensión con el mundo indígena. Bolivia tiene que verse a sí misma a través del rostro de un indígena y eso implica, nada menos, que revisar el relato del Estado-Nación boliviano, de repensar sus límites, a partir de la alteridad del rostro indígena, que no es una simple diferencia reinscribible en lo pluriétnico y lo plurinacional. Se enfrenta a un indígena que, a la pregunta ¿soy o no boliviano?, responde afirmativamente asumiendo la totalidad de la Nación y forzando su inscripción en la misma, Evo es esa misma repuesta.
El seminario resulta ser una continuidad del espacio de trabajo conformado en el CURZA desde el año 2005. Testimonio de este fructífero intercambio han sido los seminarios: “Pensamiento Político Latinoamericano”, dictado durante el segundo cuatrimestre correspondiente al año 2005, “El populismo y la primacía de la política”, el cual se desarrolló durante el año 2006. Finalmente, el curso “Wo es war, soll ich werden. Derivas lacanianas y postalthusserianas de la subjetividad política”, dictado el año pasado.
“La decisión armada” propone abordar el estudio de las condiciones de emergencia de la acción política armada y de la subjetividad que le resultó inmanente, desde mediados de la década del ’60 hasta fines de los años ’70 en nuestro país.
Realizas tu tercer seminario en el CURZA, esta vez se trata de “La Decisión Armada: Indagación sobre la subjetividad militante”. Contanos que ideas pretendes desarrollar.
El primer objetivo es darle continuidad al espacio de reflexión en el que venimos trabajando hace ya cuatro años en el CURZA. Reunir esas diferentes herramientas que fuimos desplegando en el plano de la teoría política para abordar una serie de trabajos propios de la historia reciente y desplazarnos, pasar del escenario de la crónica, de la reflexión militante y del plano meramente descriptivo que propone la historiografía, a efectos de indagar procesos, en los que la teoría política nos permite inteligir identidades y actores en pugna y, en particular, mostrar cómo el concepto captura lo histórico.
Lo histórico no se ordena por la mera sucesión de hechos, como una cronología, sino que, de lo que se trata, es de captar la racionalidad inmanente a los procesos, la serie de estrategias e intervenciones a partir de las cuales se ordenan las fuerzas que uno puede entender que ingresan a ese campo y en esa situación histórica. La situación histórica se ordena como un proceso y dentro del mismo se inscriben determinados agentes. También es interesante ver en ese espacio como se constituyen sujetos políticos.
Uno de los movimientos que planteas estudiar es el de Montoneros o la izquierda peronista. En el seminario planteabas que se trata de escapar de las visiones instrumentales, esas que entienden la adhesión al peronismo como una decisión racional e instrumental. ¿Crees que el proceso en realidad es más complejo?
Hay una visión extendida que plantea que la adhesión de amplias franjas de las organizaciones armadas al peronismo responde a una lectura más propia de la decisión o elección racional o también a una sociología de cuño neokantiano, que entiende a la acción como concertada o constituida con arreglo a fines. Esas lecturas sitúan un problema práctico de orden prioritario que sería la brecha, aparentemente irreductible entre la vanguardia política, que se sostiene de su propia declaración o autoproclamada, y las masas, donde la simple adhesión al peronismo permitiría zanjar ese obstáculo o distancia.
Lejos de esa suerte de maleabilidad, que significaría presuponer un sujeto que encuentra a su disposición identidades preconstituidas y las elige a su arbitrio, hay reglas que hacen a la constitución del dispositivo de enunciación propio del peronismo. El peronismo en tanto identidad política es un fenómeno discursivo y por lo ello supone determinadas reglas de formación y disposición de los elementos que conforman esa discursividad. La adhesión al peronismo implica el ingreso a esas reglas de juego que rigen sobre el espacio discursivo. Precisamente el derrotero de Montoneros puede leerse a partir de esa inscripción.
¿Cómo opera este dispositivo, cómo logra atrapar a un sector de la juventud revolucionaria y no a otra?
El planteo es ¿qué hacer con el peronismo después del golpe del 16 de septiembre de 1955? Y ahí se dibujan y ensayan distintas respuestas. Unas son las de la neutralización, otras las del aislamiento, otras las de la integración, pero el peronismo sigue apareciendo como ese problema donde los sectores trabajadores refrendan su fidelidad a Perón.
Para algunos autores bastaría con haber abierto el cauce a la participación del peronismo, como se intenta durante el gobierno de Frondizi, pero ese elemento de sostenida aversión al peronismo de parte de los sectores dominantes, casi como una ceguera para algunos, no lo permite. El sistema político estaría, según este planteo, en una relación de empecinamiento.
Creo que en realidad, lejos de ser sólo un problema de integración, hay una premisa irreductible, la de la presencia de las masas, el ingreso de los sectores populares a la escena política, su irrupción y la persistencia de un núcleo fundacional plebeyo. El peronismo toca alguna fibra sensible de los sectores dominantes y eso es lo que nunca se logra desactivar. Existe un obstáculo, una presencia inquietante tanto de orden estético, para las derechas, como epistemológico, para las izquierdas. Es decir, los peronistas no sólo huelen mal y se visten peor, sino que no cesan de equivocarse.
Ese permanente poner en jaque al sistema político por parte del peronismo tiene un parte aguas en el año 1966. Ahí comienza un proceso de racionalización del mando del capital. El capital es mando político y como relación social es una relación de mando. La emergencia del capital extranjero en el año 1966 rompe con lo que Juan Carlos Portantiero llamaba “empate hegemónico” entre los sectores populares y el bloque dominante. Esta confrontación se resuelve a favor del capital extranjero con el golpe de Onganía, lo que significará un salto cualitativo del capital argentino. Lo que eso genera es un golpe profundo a una gran parte de la masa obrera y a sectores medios, profesionales, comerciantes y estudiantes.
Lo que verifica la agresión del onganiato es la permanencia de la lucha de los trabajadores que no es una suerte de épica, sino que reconoce procesos de resistencia e integración, parcial, como sostiene Daniel James. Si uno analiza el período que comprende el fin de la década del ’50 y los comienzos y mediados de los ‘60, hay un momento entre 1959, con la toma del Frigorífico Lisandro de la Torre y 1964, con el Plan de Lucha que lanza Vandor que inicia una serie de tomas de fábrica, durante el gobierno de Illia, donde se nos presenta un impasse, una interrupción, donde los sectores duros de la resistencia se ven a merced del poder, hay que recordar que en marzo de 1960, Frondizi promulga el Plan Conintes, que despliega un accionar represivo a la largo y ancho del país y en un marco de repliegue de la masa obrera. Esa derrota cala duro y habilita la lectura de una salida política negociada.
Otro elemento es la intransigencia de Perón de no plantearse ninguna salida política que no incluyera su propio reingreso al sistema político. Eso explica el sabotaje a la intentonas neoperonistas como la de Vandor que van en el sentido de construir un peronismo obrero, sin Perón, un movimiento fuertemente sindical. Ahí se ve el rasgo trostkista de Vandor, que supo tener militancia trostkista. Esta idea de lo político subordinado a lo sindical es bastante morenista. Igual conocemos cuál fue el desenlace de esa disputa.
Todos estos elementos van confluyendo, están presentados en la situación. Hay una frase esclarecedora de Horacio González que sirve para describir este proceso: “el peronismo es una suerte de recolector de las experiencias errantes de una sociedad frustrada”.
Y en ese contexto de lucha social, política y armada, ¿como opera el acontecimiento del Cordobazo?
¿Por qué vemos al Cordobazo, o lo situamos, como acontecimiento? Porque tiene la capacidad de movilizar esa serie de -en términos marxistas- contradicciones o antagonismos. Es decir, esa serie de elementos presentados en esa situación. Hay prácticas y lenguajes que están presentados, y que retroactivamente cobran inteligibilidad como antecedentes del Cordobazo. Pero el Cordobazo, en una suerte de postulación reflexiva o reflexión determinante como sostenía Hegel, las reúne y las lanza hacia delante.
La emergencia de las organizaciones urbanas que despliegan su accionar urbano, se produce con posterioridad al año 69. El quinto congreso del PRT, donde se decide fundar el ERP, se realiza en junio de 1970, es decir, con posterioridad al Cordobazo, pero también, ya en el año ’68 y durante el IV Congreso rompen filas con el morenismo bajo la consigna “Todo el partido al combate”, eso que era más una aspiración, adquiere eficacia histórica, y política, con la efectuación del Cordobazo, a partir de rastrear sus huellas, sus consecuencias. Estas experiencias de preparación militar, de pertrechamiento, cobran fuerza histórico-política a partir del Cordobazo. Allí cobra consistencia histórica lo que lamamos la “masa guerrera”. Con ese concepto no sólo nos referimos a quienes toman la práctica armada como acción política principal, sino también, a una diversidad de espacios que confluyen en el período.
La nueva izquierda fue un gran actor de ese momento que está a medio camino de constituirse como movimiento social y a la vez como actor político. En lo social como un agregado de demandas y de actores que reconocen una heterogeneidad tanto en lo ideológico-político como en su componente social. Y eso es lo interesante. El Cordobazo tiene esa posibilidad de reunir todos estos elementos y resolver una serie de contradicciones hacia adelante porque marca al interior de las lecturas de esas organizaciones el decisivo protagonismo de las masas urbanas. Como una irrupción que enclava, que imprime en la escena histórica una clave de lectura política.
El otro día veíamos el documental ERREPE y allí los militantes del ERP comentaban como significativa la experiencia del Cordobazo en sus estrategias ya que la calificaban como una pueblada no peronista.
Si, porque se inscribe en la narrativa de esa nueva izquierda. Hay como dos trayectorias: una la de la nueva izquierda que reconoce el clasismo de Córdoba y el movimiento sindical que es el que más vive este proceso de racionalización y reconstrucción del mando del capital. Pero comienza a cobrar consistencia ese sujeto político con posterioridad al Cordobazo. La pueblada tiene esta característica de oposición al gobierno de Ongania donde la demanda por el retorno de Perón es una más dentro de otras. Seguro que hubo obreros peronistas en el Cordobazo, pero no es directamente reinscribible dentro de la resistencia peronista.
Esa es la gran capacidad del Cordobazo de abrir dos claves de lectura y conformar dos identidades, una la de la nueva izquierda en ruptura con los partidos tradicionales y otra que sitúa al peronismo como la conciencia propia de la clase trabajadora, y como el despliegue mismo de su autoconciencia.
En los últimos años se ve como un retorno del tema de la lucha armada en la Argentina. Documentales en la tele, videos, películas, libros. ¿A qué crees que responde esto?
El proceso de rediscusión del accionar de las organizaciones armadas tiene dos puntos: uno la lectura que se establece en los ‘80, más ligada a una contraposición entre el accionar de las organizaciones y los valores más de corte normativo de la democracia, ello en el marco de la transición y la salida de la dictadura. Era urgente cimentar una lectura del pasado inmediatamente reciente. En los ‘90 se marca un proceso de ruptura con los 20 años del golpe, donde hay un proceso de reapropiación del desaparecido. Porque el desaparecido sufriría una doble desaparición: la física y la de su propia identidad en términos políticos. Hay un rescate de esto. Esto está ligado a la constitución y búsqueda de vías de acción política contra el menemismo, en dos frentes: con la protesta social a partir del año 1996 que irrumpía desde los márgenes del país y que después tendrá eco en el Conurbano y luego con otras modalidades de la acción colectiva, donde se destaca esa gran invención que es el Escrache. Ahí hay una rediscusión que intenta trazar una perspectiva de lo que “somos”. El rescate del desaparecido en tanto militante y no en tanto víctima, es parte de esa búsqueda. Esa empresa de reapropiación hay que entenderla en ese contexto, donde el Estado se presentaba como el gran garante de la impunidad.
En el último módulo del seminario planteás la necesidad de debatir sobre los contenidos actuales de la militancia. Trazando algún tipo de analogía, ¿Cuál crees que es el acontecimiento que convoca a las nuevas generaciones?
Las jornadas del 19-20 de diciembre de 2001 son como la gran reunión o condensación de una serie de contradicciones. El proceso que vivimos a partir de mayo de 2003 no se entiende sin esas jornadas pero, a su vez, creo que la lectura que queda por adelante sobre la indagación acerca de la práctica política, está directamente vinculada a releer que aconteció en el 2001 y no detenerse en su sola exaltación. Entender también que hay una densa trama de actores e identidades donde lo político no se satisface solamente de la pura novedad o la simple ruptura. Hay que ir a la búsqueda y ver si existe o no la posibilidad de conformación de un sujeto político. Igualmente la constitución de un sujeto político, en un sentido fuerte, capaz de constituirse en el nervio histórico que moviliza la situación, implica un proceso mucho más lento.
Pensamos como un acontecimiento las jornadas del 19-20 en tanto no cesa de causar efectos o de permanecer en la situación, es decir, que no se ha clausurado su eficacia. Pero esto no quiere decir que su eficiencia se realiza sólo a través de su exaltación o por el hecho de nombrarlo. Lo importante es -transitado casi 8 años- que hay que entender que respuestas se han dado y qué es lo que está en juego. No agotar el acontecimiento ni en su exaltación ni en su condena. Ya en la propia indagación se sitúa un sujeto.
En esto de pensar la ética militante de las organizaciones armadas de los 60 y 70, nos viene a la cabeza la imagen del zapatismo. El zapatismo parece haber aprendido de las experiencias e inaugura una nueva ética. En palabras de los zapatistas: “el fin no justifica los medios”. ¿Lo ves así?
Creo que el zapatismo es como una suerte de anacronismo. En el momento mismo en que acontece la toma del municipio de San Cristóbal de las Casas, Jorge Castañeda publicaba un libro, “La utopía desarmada”, donde daba por cerrado el ciclo de la izquierda armada latinoamericana. El zapatismo emerge como un grito de desahogo, desde esos márgenes del repliegue.
El zapatismo no tiene una capacidad de incidencia en términos de su tecnología militar. Ellos saben que están cercados en términos militares. Lo que han entendido bien es una suerte de relectura de la “guerra de posiciones” en el espacio de lo político. Incluso uno podría entender que el imaginario político de los ’60 y ’70 permanece como parámetro que informa la acción, en tanto existe un marcado foquismo, porque San Cristóbal de las Casas es como una suerte de centro de irradiación, a partir de la palabra de Marcos que ensaya una “guerra de zapa”, que pretende quitar o arrebatar al enemigo sus puntos de repliegue, en el sentido de buscar apoyos políticos.
El zapatismo es un fenómeno ligado a los procesos de autonomía, de búsqueda de iniciativas propias en relación a un Estado fuertemente centralizado, pero que termina por tener una referencia residual y espectral respecto del mismo. Coincido en que hay un cuestionamiento de cierta lógica militarista, muy presente en el debate que tuvo Marcos con Euskal Ta Askatasuna (“País Vasco y Libertad”), durante el año 2003, pero el foquismo, como componente de un imaginario político, y con la fuerza movilizadora que tiene la imagen, permanece, más allá de su identificación con una práctica armada ligada a la contraposición campo-ciudad, es decir, una matriz de orden territorial.
Igualmente después del zapatismo se da la irrupción de otros movimientos de raíz indígena. Uno es la CONAIE en Ecuador, un movimiento insurreccional de masas, que hace una experiencia política fallida con el gobierno de Gutiérrez, pero establece la cuestión indígena como una componente que hace a la identidad de Ecuador. En Bolivia lo mismo, y aún más pronunciado, no sólo por la llegada de un presidente indígena, sino porque lo boliviano como tal está en tensión con el mundo indígena. Bolivia tiene que verse a sí misma a través del rostro de un indígena y eso implica, nada menos, que revisar el relato del Estado-Nación boliviano, de repensar sus límites, a partir de la alteridad del rostro indígena, que no es una simple diferencia reinscribible en lo pluriétnico y lo plurinacional. Se enfrenta a un indígena que, a la pregunta ¿soy o no boliviano?, responde afirmativamente asumiendo la totalidad de la Nación y forzando su inscripción en la misma, Evo es esa misma repuesta.
lunes, 30 de noviembre de 2009
ZIBECHI: “ES EVIDENTE QUE ESTAMOS ANTE FORMAS DE DOMINACIÓN MÁS SOFISTICADAS”

Por Patricio Lobos
En el mes de septiembre tuvimos la oportunidad de participar del seminario de Raúl Zibechi “Las nuevas prisiones de los movimientos sociales” organizado por La Vaca en Capital Federal. Allí el periodista uruguayo y conocedor profundo de la realidad Latinoamérica y los movimientos sociales, desarrolló sus ideas acerca de la relación entre la nueva gobernabilidad y los movimientos sociales.
Para Zibechi, el contexto actual, marcado por la presencia de los gobiernos progresistas en la región, es el claro reflejo del triunfo de los movimientos sociales que lograron revertir la derrota histórica de la época neoliberal y generaron una nueva correlación de fuerzas.
Zibechi es autor de libros como “Genealogía de la revuelta” (1995), “Dispersar el poder” (2006) y su último “Territorios en rebeldía, cartografía política de las periferias urbanas latinoamericanas” (2008) editado por La Vaca. Es director del periódico Brecha de Uruguay y colabora con las revistas La Jornada, Rebelión, La Vaca y La Fogata.
Al finalizar el seminario, tuvimos la oportunidad de conversar con Zibechi sobre varios temas. A continuación la charla que recorre la relación gobiernos-movimientos, su propuesta conceptual de “sociedades en movimiento”, y el debate generado a partir de la nueva ley de radiodifusión.
Los movimientos y América Latina hoy
En el seminario describiste las características de los nuevos gobiernos en América Latina, lo que se denomina la “nueva gobernabilidad”. Uno de los puntos que destacabas era esa capacidad que tienen de ocultar los conflictos, de opacarlos y ocultarlos. ¿Como crees que es posible una nueva politización desde los movimientos sociales?, ¿como se puede activar nuevamente el conflicto?
Creo que primero hay que hacer un trabajo de esclarecimiento. Clarificar como están actuando estos gobiernos. Como las políticas sociales son utilizadas para domesticar a la gente, para acallarla. Ver como las políticas sociales no modifican las situaciones de fondo de la gente sino que apenas ponen algunos parches.
En la época del menemismo hubo que clarificar el tema de las privatizaciones, ahora también hay que clarificar esta realidad. Una de las características que tienen estos nuevos gobiernos es que dominan de una manera más opaca, más invisible. Entonces hay que mostrar y no esconder y así evitar disfrazar esa forma de hacer política.
Suena fuerte esto de que estos nuevos gobiernan dominan. Especialmente cuando pensamos en gobiernos como los de Evo Morales o Chávez que parecen del lado de la gente, de los movimientos…
Estoy hablando esencialmente de gobiernos como los de Argentina, Uruguay, Chile y Brasil. En el caso de Evo y de Chávez los movimientos son más fuertes y la situación es distinta. De todos modos todo estado domina, sino no sería estado. Igualmente creo que en Bolivia y Venezuela hay un diálogo con los movimientos que tiene un peso muy grande. Allí vemos como los movimientos están forzando a los gobiernos a dialogar con ellos. No es el caso que tenemos aquí en nuestros países donde los gobiernos hacen y desasen a su antojo y obligan a las organizaciones a ir detrás de ellos.
En el caso de Bolivia hay un intento serio de modificar las cosas, de descolonizar el estado. Si lo van a conseguir no lo se. Pero el intento existe.
Es evidente que estamos ante formas de dominación más sofisticadas y sutiles que las anteriores. Entonces de lo que se trata es de dar elementos para profundizar este análisis. Que harán los movimientos después con todo esta información no lo se.
En el caso de Bolivia, que el vicepresidente sea una persona tan cercana a los movimientos, un teórico de los movimientos como Alvaro García Linera debe desestructurar a los movimientos…
García Linera viene primero de la guerrilla y luego de los movimientos con los que tiene un diálogo permanente. Eso hace que el que tenés en frente te conozca bien y sepa tus puntos fuertes y tus puntos débiles. El vínculo es otro. En algunos casos esto puede ser una ventaja porque la violencia y la represión son menores. En el caso de Bolivia la represión no existe. Pero de ahí a que se llegue a situaciones de liberación de la gente, de estar en un nuevo lugar eso falta verlo todavía y yo soy un poco escéptico al respecto.
Planteabas también, esta idea de salir de los grupos, del encapsulamiento. En la década del noventa la consigna era construir autonomía, defenderla. ¿Crees que ahora se pasa como a otra etapa?
La autonomía es una construcción permanente. No se hace autonomía de una vez y para siempre. Lo que pasa es que todo este periodo de repliegue con el kirchnerismo ha provocado cierto enclaustramiento en los barrios, las fabricas, en sus lugares y territorios. Cruzarse con otros movimientos es fundamental. Intercambiar con otros. Eso es lo que permite crear algo nuevo. Tal vez por ese lado se pueda avanzar hacia una mayor ofensiva contra el modelo.
Hoy pareciera que las aguas están divididas en el continente en lo que refiere a los proyectos de liberación entre los que ven una salida institucional, identificados con el bolivarianismo y los que la ven por el lado de los movimientos y su autonomía identificadas con el zapatismo. Algunas ves Cerdeiras nos decía que el bolivarianismo y el zapatismo eran “felizmente incompatibles”. ¿Cómo lo ves?.
Si, coincido con Cerdeiras en esto. El zapatismo es un movimiento que no se propone pasar por el estado, ni la toma del poder, sino que se coloca en otro lugar. Es cierto que los movimientos de Venezuela y Bolivia tienen una referencia estatal muy potente, muy poderosa y todo lo referencian al estado. Creo que está bueno desarrollar esa idea.
En tu último libro, “Territorios en rebeldía” planteas una crítica al concepto de movimiento social y propones el de “sociedades en movimiento”. ¿Desde donde crees que hay que ver a los movimientos?.
Creo que hay que ver a los movimientos como relaciones entre las personas, como relaciones sociales. Para mi son movimientos aquellos que modifican las relaciones previas heredadas y por lo tanto el lugar de las personas en la sociedad. Esto es distinto a pensarlo desde los repertorios de movilización, la organización. Hacer énfasis en las relaciones nos permite hacer hincapié en el concepto de movimiento, deslizamiento, cambio de lugar. Ese es el aspecto que hay que enfatizar.
Mover-se…
Si, moverse no tanto en la calle, aunque también. Pero de lo que se trata es de moverse del lugar material y simbólico heredado.
Pensar junto a los movimientos
¿Como caracterizarías tu labor, tu pensamiento. Como alguien que piensa desde los movimientos, con los movimientos?
Creo que como alguien que piensa junto a los movimientos, por lo menos eso es lo que intento hacer. Eso igual es muy general porque nunca pensás con todos los movimientos sino con los que tenés más afinidad o que crees que son más avanzados. A veces te equivocas y esos que creías avanzados no lo son tanto, y otros que no lo parecían lo son. Trato de estar cerca de los movimientos más nuevos como los bachilleratos populares ahora o las asambleas. De fijarme en lo más creativo.
Después trato de teorizar, de comparar situaciones de un país con otro, trato de aprender yo y aprender con otros.
¿A quien ves pensando desde tu mismo lugar, desde tus mismas perspectivas?.
Veo mucha gente, intelectuales, periodistas, gente de la academia. Con Maristela Svampa, Situaciones, la gente de La Vaca, Cerdeiras. Gente con pensamiento crítico. A veces no hace falta que sean intelectuales.
El retorno de lo local
En el seminario también desarrollabas la idea del retorno de lo local. Lo local como anclaje de la dominación.
Si, igualmente no se trata de un tema académico. Pienso que la opresión y la resistencia tienen un anclaje en lo local, en el taller, en el barrio, en la fábrica, en los territorios. Lo que suceda a escala local tiene enormes repercusiones en el resto. La local es una dinámica a la que hay que prestarle mucha atención porque la clase dominante no domina en general, sino en lo concreto. Nos domina en nuestro trabajo y en nuestra vida cotidiana. Y es ahí donde se producen continuidades o rupturas.
Lo local no como simple recorte de lo global…
Claro, lo local es otra realidad. Con otras lógicas, otras dinámicas y otros tiempos. Por ejemplo, si vos pensas en el zapatismo tenés que pensar en la comunidad. No podes pensar solamente en los discursos de Marcos, eso es una mínima parte del zapatismo. Lo mismo en el tema de los piqueteros, ahí hay que pensar que pasa en los barrios y territorios.
Sobre la nueva Ley de Radiodifusión
Sabes que en Argentina a partir de la nueva ley de radiodifusión se generó un interesente debate en relación a los medios de comunicación y su rol. ¿Seguiste el debate?, ¿Cómo lo ves?
No conozco la ley y el debate. Solo te podría decir, al nivel general, que todo lo que implique una democratización de los medios es bueno. La eliminación de los monopolios, el hecho de que los movimientos sociales puedan tener sus propios medios, y no cinco minutos en algún medio comercial, me parece un paso adelante. Me imagino que en Argentina debe haber resistencias muy grandes de los monopolios y me imagino que la ley de los Kirchner mejora lo que hay pero no alcanza a satisfacer a los movimientos.
Para Zibechi, el contexto actual, marcado por la presencia de los gobiernos progresistas en la región, es el claro reflejo del triunfo de los movimientos sociales que lograron revertir la derrota histórica de la época neoliberal y generaron una nueva correlación de fuerzas.
Zibechi es autor de libros como “Genealogía de la revuelta” (1995), “Dispersar el poder” (2006) y su último “Territorios en rebeldía, cartografía política de las periferias urbanas latinoamericanas” (2008) editado por La Vaca. Es director del periódico Brecha de Uruguay y colabora con las revistas La Jornada, Rebelión, La Vaca y La Fogata.
Al finalizar el seminario, tuvimos la oportunidad de conversar con Zibechi sobre varios temas. A continuación la charla que recorre la relación gobiernos-movimientos, su propuesta conceptual de “sociedades en movimiento”, y el debate generado a partir de la nueva ley de radiodifusión.
Los movimientos y América Latina hoy
En el seminario describiste las características de los nuevos gobiernos en América Latina, lo que se denomina la “nueva gobernabilidad”. Uno de los puntos que destacabas era esa capacidad que tienen de ocultar los conflictos, de opacarlos y ocultarlos. ¿Como crees que es posible una nueva politización desde los movimientos sociales?, ¿como se puede activar nuevamente el conflicto?
Creo que primero hay que hacer un trabajo de esclarecimiento. Clarificar como están actuando estos gobiernos. Como las políticas sociales son utilizadas para domesticar a la gente, para acallarla. Ver como las políticas sociales no modifican las situaciones de fondo de la gente sino que apenas ponen algunos parches.
En la época del menemismo hubo que clarificar el tema de las privatizaciones, ahora también hay que clarificar esta realidad. Una de las características que tienen estos nuevos gobiernos es que dominan de una manera más opaca, más invisible. Entonces hay que mostrar y no esconder y así evitar disfrazar esa forma de hacer política.
Suena fuerte esto de que estos nuevos gobiernan dominan. Especialmente cuando pensamos en gobiernos como los de Evo Morales o Chávez que parecen del lado de la gente, de los movimientos…
Estoy hablando esencialmente de gobiernos como los de Argentina, Uruguay, Chile y Brasil. En el caso de Evo y de Chávez los movimientos son más fuertes y la situación es distinta. De todos modos todo estado domina, sino no sería estado. Igualmente creo que en Bolivia y Venezuela hay un diálogo con los movimientos que tiene un peso muy grande. Allí vemos como los movimientos están forzando a los gobiernos a dialogar con ellos. No es el caso que tenemos aquí en nuestros países donde los gobiernos hacen y desasen a su antojo y obligan a las organizaciones a ir detrás de ellos.
En el caso de Bolivia hay un intento serio de modificar las cosas, de descolonizar el estado. Si lo van a conseguir no lo se. Pero el intento existe.
Es evidente que estamos ante formas de dominación más sofisticadas y sutiles que las anteriores. Entonces de lo que se trata es de dar elementos para profundizar este análisis. Que harán los movimientos después con todo esta información no lo se.
En el caso de Bolivia, que el vicepresidente sea una persona tan cercana a los movimientos, un teórico de los movimientos como Alvaro García Linera debe desestructurar a los movimientos…
García Linera viene primero de la guerrilla y luego de los movimientos con los que tiene un diálogo permanente. Eso hace que el que tenés en frente te conozca bien y sepa tus puntos fuertes y tus puntos débiles. El vínculo es otro. En algunos casos esto puede ser una ventaja porque la violencia y la represión son menores. En el caso de Bolivia la represión no existe. Pero de ahí a que se llegue a situaciones de liberación de la gente, de estar en un nuevo lugar eso falta verlo todavía y yo soy un poco escéptico al respecto.
Planteabas también, esta idea de salir de los grupos, del encapsulamiento. En la década del noventa la consigna era construir autonomía, defenderla. ¿Crees que ahora se pasa como a otra etapa?
La autonomía es una construcción permanente. No se hace autonomía de una vez y para siempre. Lo que pasa es que todo este periodo de repliegue con el kirchnerismo ha provocado cierto enclaustramiento en los barrios, las fabricas, en sus lugares y territorios. Cruzarse con otros movimientos es fundamental. Intercambiar con otros. Eso es lo que permite crear algo nuevo. Tal vez por ese lado se pueda avanzar hacia una mayor ofensiva contra el modelo.
Hoy pareciera que las aguas están divididas en el continente en lo que refiere a los proyectos de liberación entre los que ven una salida institucional, identificados con el bolivarianismo y los que la ven por el lado de los movimientos y su autonomía identificadas con el zapatismo. Algunas ves Cerdeiras nos decía que el bolivarianismo y el zapatismo eran “felizmente incompatibles”. ¿Cómo lo ves?.
Si, coincido con Cerdeiras en esto. El zapatismo es un movimiento que no se propone pasar por el estado, ni la toma del poder, sino que se coloca en otro lugar. Es cierto que los movimientos de Venezuela y Bolivia tienen una referencia estatal muy potente, muy poderosa y todo lo referencian al estado. Creo que está bueno desarrollar esa idea.
En tu último libro, “Territorios en rebeldía” planteas una crítica al concepto de movimiento social y propones el de “sociedades en movimiento”. ¿Desde donde crees que hay que ver a los movimientos?.
Creo que hay que ver a los movimientos como relaciones entre las personas, como relaciones sociales. Para mi son movimientos aquellos que modifican las relaciones previas heredadas y por lo tanto el lugar de las personas en la sociedad. Esto es distinto a pensarlo desde los repertorios de movilización, la organización. Hacer énfasis en las relaciones nos permite hacer hincapié en el concepto de movimiento, deslizamiento, cambio de lugar. Ese es el aspecto que hay que enfatizar.
Mover-se…
Si, moverse no tanto en la calle, aunque también. Pero de lo que se trata es de moverse del lugar material y simbólico heredado.
Pensar junto a los movimientos
¿Como caracterizarías tu labor, tu pensamiento. Como alguien que piensa desde los movimientos, con los movimientos?
Creo que como alguien que piensa junto a los movimientos, por lo menos eso es lo que intento hacer. Eso igual es muy general porque nunca pensás con todos los movimientos sino con los que tenés más afinidad o que crees que son más avanzados. A veces te equivocas y esos que creías avanzados no lo son tanto, y otros que no lo parecían lo son. Trato de estar cerca de los movimientos más nuevos como los bachilleratos populares ahora o las asambleas. De fijarme en lo más creativo.
Después trato de teorizar, de comparar situaciones de un país con otro, trato de aprender yo y aprender con otros.
¿A quien ves pensando desde tu mismo lugar, desde tus mismas perspectivas?.
Veo mucha gente, intelectuales, periodistas, gente de la academia. Con Maristela Svampa, Situaciones, la gente de La Vaca, Cerdeiras. Gente con pensamiento crítico. A veces no hace falta que sean intelectuales.
El retorno de lo local
En el seminario también desarrollabas la idea del retorno de lo local. Lo local como anclaje de la dominación.
Si, igualmente no se trata de un tema académico. Pienso que la opresión y la resistencia tienen un anclaje en lo local, en el taller, en el barrio, en la fábrica, en los territorios. Lo que suceda a escala local tiene enormes repercusiones en el resto. La local es una dinámica a la que hay que prestarle mucha atención porque la clase dominante no domina en general, sino en lo concreto. Nos domina en nuestro trabajo y en nuestra vida cotidiana. Y es ahí donde se producen continuidades o rupturas.
Lo local no como simple recorte de lo global…
Claro, lo local es otra realidad. Con otras lógicas, otras dinámicas y otros tiempos. Por ejemplo, si vos pensas en el zapatismo tenés que pensar en la comunidad. No podes pensar solamente en los discursos de Marcos, eso es una mínima parte del zapatismo. Lo mismo en el tema de los piqueteros, ahí hay que pensar que pasa en los barrios y territorios.
Sobre la nueva Ley de Radiodifusión
Sabes que en Argentina a partir de la nueva ley de radiodifusión se generó un interesente debate en relación a los medios de comunicación y su rol. ¿Seguiste el debate?, ¿Cómo lo ves?
No conozco la ley y el debate. Solo te podría decir, al nivel general, que todo lo que implique una democratización de los medios es bueno. La eliminación de los monopolios, el hecho de que los movimientos sociales puedan tener sus propios medios, y no cinco minutos en algún medio comercial, me parece un paso adelante. Me imagino que en Argentina debe haber resistencias muy grandes de los monopolios y me imagino que la ley de los Kirchner mejora lo que hay pero no alcanza a satisfacer a los movimientos.
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